No existe, le faltó leer la letra chica del contrato.

Por Lic. Ps. Fernanda Duga

A lo largo de diversos encuentros y reuniones con clientes y empresarios, he escuchado una y otra vez lo mismo, con palabras más o menos similares: “no sé qué les pasa a los empleados… la gente falta, llega tarde”. “No avisa, no se compromete… la gente ya no es como antes”. “Parece que el trabajo no les importa”. Este discurso suele ir acompañado de las variantes de estrategias para conseguir esas personas, las que son “como antes”.

En mi rol de Licenciada en Psicología especializada en selección de personal, me devané durante buen tiempo los sesos tratando de dar con la receta mágica, la panacea, la solución para ese problema, acuciante para varios de ellos.

Me generaba hasta cierta culpa no poder dar la respuesta… ¿Cuál es la manera de hacer que “la gente de ahora” vuelva a ser “como la de antes”? ¿Cómo hacer para encontrarla?

Hasta que en un momento, me llegó una especie de iluminación: cada vez menos, la gente “de ahora” va a ser como “la de antes”. En el mercado laboral va a haber cada vez más “gente de ahora” que “gente de antes”, que tiene estos nuevos valores de la cultura del trabajo.

Esto distinto que estamos viviendo, parece tener más los visos de una tendencia que va a perdurar, que una moda puntual. Los cambios tecnológicos que estamos viviendo, inciden en los conceptos de temporalidad, en el modo de relacionarnos las personas, en valores que determinan nuestras acciones, en el lugar que ocupa el trabajo en nuestra vida… y la tecnología avanza cada vez más rápidamente, no retrocede.

De esta manera, me di cuenta también de que el problema, no es de las personas que no cumplen con las expectativas en el cumplimiento de su trabajo. El problema es en realidad de quienes queremos que esas personas cumplan con nuestras expectativas. Y en la filosofía de “quien tiene el problema, es quien debe buscar resolverlo”, entendí que somos las empresas quienes debemos buscar, cada vez más, la manera de hacer que las personas con las que trabajamos, cumplan y se comprometan con lo que esperamos de ellas.

Por lo cual, llegué a la siguiente conclusión…

El verdadero Capital Humano no se recluta, no se selecciona. El verdadero Capital Humano se construye, entre la empresa y el trabajador.